9 de mayo de 2023
Los secretos de la reparación que salvó a Atucha I en 1988, contados por los protagonistas
"Crónica de una reparación (Im)posible" relata los esfuerzos realizados por la industria nuclear argentina para la solución del desperfecto sufrido por la Central Nuclear Atucha I en el 1988, escrito por tres de las personas que formaron parte del equipo que llevó adelante la reparación.
La edición en papel del libro escrito por tres de los investigadores que condujeron la reparación de Atucha I en 1988 cuando, en un contexto inflacionario y con el recuerdo de Chernobyl muy presente, un incidente puso en evidencia una falla de diseño que podrÃa haber terminado con la vida de esa central nuclear será presentada este martes en la sede de Nucleoeléctrica Argentina S.A., en la localidad bonaerense de Villa Martelli.
"Crónica de una reparación (Im)posible" relata los esfuerzos realizados por la industria nuclear argentina para la solución del desperfecto sufrido por la Central Nuclear Atucha I en el 1988, escrito por tres de las personas que formaron parte del equipo que llevó adelante la reparación.
Se trata de Juan Carlos Almagro, ingeniero metalúrgico, vinculado a áreas de desarrollos tecnológicos ya fallecido; Roberto Perazzo, fÃsico teórico que realizó investigaciones básicas en el Departamento de FÃsica; y Jorge Isaac Sidelnik, fÃsico, que trabajó en las áreas de Comisión Nacional de EnergÃa Atómica dedicadas a la producción de energÃa.
En agosto de 1988, la Central Nuclear Atucha I sufrió un desperfecto en los canales de combustible del reactor; los daños en la estructura configuraron distintos escenarios nada favorables en medio de un contexto socioeconómico adverso.
En agosto de 1988, la Central Nuclear Atucha I sufrió un desperfecto en los canales de combustible del reactor
Con un manejo del relato de los acontecimientos que solo pueden tener quienes participaron de los eventos, los autores exponen con claridad las tareas realizadas y los desafÃos que se fueron superando en el desarrollo del proyecto.
Jorge Sidelnik, licenciado en Ciencias FÃsicas de la Universidad de Buenos Aires y magister en EconomÃa de la EnergÃa y Medio Ambiente de la Fundación Bariloche, participó en la reparación de Atucha I y llegó a ser gerente General de Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima (NA-SA), la operadora estatal de centrales nucleares de potencia, y gobernador de la World Association of Nuclear Operators (WANO) en representación de la empresa.
"Vivimos horas de angustia"
En diálogo con Télam, Sidelnik recordó que "esos dÃas de agosto de 1988 en los que los sensores nos empezaron a dar señales erráticas y se registró un descenso en la potencia fueron de mucha preocupación".Estaban ante "un evento que no estaba previsto", asumió y reflexionó: "Vivimos horas de angustia hasta que logramos establecer dónde estaba el inconveniente".
Pero, completó, "tan delicado cómo el incidente dentro de la planta era el contexto en el que sucedÃa", ya que "hacÃa muy poco habÃa ocurrido lo de Chernobyl" y aunque ellos supieran que "no habÃa riesgo de algo semejante,en la opinión pública habÃa temor".
Agregó que, además, esto ocurrÃa "en una época de cortes de luz programados", en los que sufrÃan "mucha presión para volver a suministrar electricidad" y en un contexto de "hiperinflación en la que los costos de una reparación contratada en dólares hubiesen hecho todo muy cuesta arriba".
El fÃsico indicó que "el diseño original de la empresa alemana Siemens no preveÃa que fuese necesario inspeccionar los elementos internos del reactor como los tubos para medir el nivel de agua, el flujo neutrónico o las barras de control", porque "conceptualmente la central debÃa dar 30 años de plena potencia sin necesidad de inspeccionar el interior de la vasija".
"Lo que sucedió fue que hubo una falla en un tubo guÃa y eso en interacción con uno de los canales de combustible terminó dañando otros, por lo que hubo que sacar de servicio Atucha I y diseñar un plan para repararla", continuó.
Explicó que "la propuesta de los alemanes de Siemens, que eran los diseñadores, incluÃa varios años de trabajo antes de poder volver a generar electricidad, un costo muy elevado y sin garantÃas".
Frente a ese escenario, la Comisión Nacional de EnergÃa Atómica (CNEA) tomó el desafÃo de hacer la reparación de manera autóctona, dijo y citó como ejemplo que tuvieron que desarrollar una un método que permita inspeccionar hasta12 metros de profundidad a través de un agujerito de 10 centÃmetros de diámetro".
"Hace 35 años ni la electrónica ni la robótica tenÃan el desarrollo que tienen en la actualidad, por lo que la mayorÃa de las herramientas eran mecánicas", recordó.
Haber logrado poner en marcha la central antes de lo que sus propios diseñadores estimaban y con nuevos mecanismos de seguridad fue importante, pero más lo fue tener la oportunidad de formar equipos de trabajo que después avanzaron en mejorar los combustibles para aumentar la potencia de Atucha I y en el montaje de Atucha II, reflexionó.
Para completar el panorama, recordó que esto se hizo "cuando Siemens ya se habÃa retirado de la industria nuclear".
"HabÃa llegado el momento de ponerse los pantalones largos", dice en un párrafo del libro José Luis Antúnez, actual responsable de Nucleoeléctrica Argentina, cuando se refiere a esa reparación, en 1988.
También hubo que salir a explicar lo que estaba ocurriendo, recordó Sidelnik respecto a esos acontecimientos, y precisó que fueron a dar charlas al concejo deliberante de Zárate para calmar a los vecinos y hasta recibieron al entonces presidente Raúl AlfonsÃn y a Greenpeace, además de hacer frente a las denuncias de polÃticos uruguayos que hablaban de un supuesto riesgo de transformarnos en Chernobyl.
El libro fue impulsado por el fallecido ingeniero Juan Carlos Almagro, quién habÃa guardado documentación para dejar testimonio de lo ocurrido y de lo que se hizo.
"Con esa premisa, lo convocó primero a Roberto Perazzo y después a mà para hacer un libro que no se limitase a los aspectos técnicos, sino que contextualice con las circunstancias nacionales y las presiones sobre el equipo de trabajo para resolver el problema", precisó Sidelnik.
Contó que cuando se escribió el libro no tenÃan el presupuesto para editarlo en formato fÃsico, y que la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias los ayudó a armar una edición digital.
Pero agregó que como "Almagro era un enamorado de los libros en papel y le habÃamos prometido que lo Ãbamos a hacer", lo hicieron, con el apoyo del Centro de Desarrollo y Asistencia Tecnológica (Cedyat), y lo presentan mañana en el Auditorio Jorge Sábato de la Sede Central de Nucleoeléctrica Argentina, en Francisco Laprida 3163 de la localidad bonaerense de Villa Martelli.
Participarán de la presentación, los autores del libro, Jorge I. Sidelnik y Roberto Perazzo; junto a Susana Hernández, Presidente de la AAPC; José Luis Antúnez, presidente de Nucleoeléctrica Argentina; y la investigadora Clara Ruocco, que será la moderadora del encuentro.
La Central Nuclear Atucha I, Presidente Juan Domingo Perón, inició su construcción en junio de 1968 y se convirtió en la primera central nuclear de potencia de América Latina.
Fue conectada al Sistema Eléctrico Nacional el 19 de marzo de 1974 y comenzó su producción comercial el 24 de junio de ese mismo año.
Atucha I está ubicada sobre la margen derecha del RÃo Paraná de las Palmas, a 100 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires en la localidad de Lima del partido bonaerense de Zárate, y actualmente cuenta con una potencia eléctrica bruta de 362 megavatios eléctricos.
Nucleoeléctrica Argentina es la empresa que produce energÃa eléctrica mediante la operación de las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse, la potencia instalada total de sus tres plantas es de 1.763 MW.


