El lunes 5 de diciembre Rodrigo Amaya había cumplido 25 años. Lo celebró a la distancia junto a su familia: él desde Brasil, su lugar de residencia desde 2013, y ellos en la localidad bonaerense de Longchamps.

Habían quedado en volver a hablar al día siguiente pero en cuestión de horas todo cambió. El joven no respondió el celular ni los mensajes de Facebook y sus padres, junto a sus diez hermanos, recibieron la peor noticia cuatro días después: el viernes 9 un brasileño conocido como Ficco Realejo se contactó con la familia y les comunicó que Rodrigo había fallecido el martes, luego de haberse ahogado en Lagoa Azul, localidad ubicada en Suzano, San Pablo. A partir de ahí, todo se convirtió en una pesadilla para este grupo familiar que estaba superando un grave problema que había sufrido el padre.

A una semana de la muerte de Rodrigo, su cuerpo continúa en la morgue del Instituto Médico Legal a la espera de ser retirado. El asunto es que el traslado, en caso de hacerse cargo el consulado, tiene un costo de 90.000 pesos, cifra inaccesible para la familia, que optó por hacerlo por su cuenta, aunque para ello necesita la ayuda de todos.

El valor de la cremación para poder trasladarlo sin problemas a Buenos Aires asciende a 5.900 reales (casi 30.000 pesos). Por ello, se está realizando una colecta entre familiares y amigos aunque por el momento sólo alcanza para cubrir los pasajes para que viaje la mamá y uno de los hermanos.

En caso de querer colaborar, la familia dio a conocer los datos de la cuenta en la que se está recaudando dinero: 000720029001061021 (Banco Supervielle). La misma está a nombre de Javier Amaya.

Sospechas

Durante su residencia en Brasil, Rodrigo, que tenía planeado regresar a la Argentina, estaba trabajando en un restaurante en Suzano y se manejaba allí con dos amigos que estaban al momento de su muerte y luego no dieron señales, dejando la responsabilidad del caso a Ficco Realejo, quien finalmente le comunicó la noticia a la familia y se está encargado del tema en San Pablo.

Según confirmó su hermana Antonella, “todo pasó el martes a la noche y los otros dos chicos desaparecieron, por eso tenemos dudas. No sabemos qué pasó. Nos dijeron que antes de entrar a trabajar habían decidido ir a la playa”.

Lo cierto es que la familia necesita la ayuda de todos para poder despedir a Rodrigo.