Por Matías Resano
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"Vivimos encerrados en cuatro paredes porque ni siquiera podemos salir al patio”, reflejó Héctor Durand, un habitante de la localidad bonaerense de Alejandro Korn, quien desde hace dos años padece, junto a sus vecinos, una inundación, producto de la falta de obras hídricas.

El espejo de agua formado en ocho manzanas, afecta a más de doscientas familias, quienes además de hacer malabares para salir de sus casas, hacen sus necesidades en baldes mientras las autoridades municipale brillan por su ausencia.

En el barrio Nueva Esperanza, de Alejandro Korn, los vecinos ya no tienen esperanza tras dos años de promesas incumplidas y omisiones frente a una angustiante situación que no puede esperar más. Son las calles Güemes, Castelar, Gainza y Avellaneda que delimitan las ocho manzanas bajo agua, acumulada ante la falta de una red hidríca que permita desagotar el lugar y devolverle la tranquilidad a más de 200 familias.

Al respecto, Héctor Duránd, vecino del lugar y quien encabeza los reclamos, dejo en claro a Crónica que “presentamos dos proyectos, uno que abarcaba 40 cuadras pero como no obteníamos respuesta, entonces entregamos un segundo, de sólo cuatro cuadras”. No obstante, “estuvimos de reuniones en reuniones, nos dicen que lo van a tratar de resolver pero al mismo tiempo que no hay fondos. Por eso terminan haciendo nada”.

Los moradores de la zona reconocieron que durante estos dos años “sólo instalaron una bomba para sacar el agua pero funcionó un mes porque no daba a basto”, reveló Héctor.

En este sentido, el hombre enfatizó que “para terminar con esto, necesitamos un sistema de desagote que resuelva este problema de fondo, con parches en vez de resolverlo se profundizará la acumulación de agua”. Por lo tanto, frente a la inacción municipal, los propios vecinos pusieron manos a la obra para al menos paliar en parte su drama, arrojando tierra y madera sobre el agua para marcar un camino en el cual transitar.

Sin embargo, “no es suficiente, por ejemplo, mi hija hoy se cayó al agua y no pudo ir al colegio, tuvo que volver. Por eso estamos pidiendo que ya que no hacen las obras, por lo menos nos den tierra. Pero ni siquiera este pedido nos responden”, agregó el vecino de Nueva Esperanza.

Razón por la cual, Durán dejo en claro el pesar suyo y de sus vecinos, expresando que “me da mucha impotencia y en el barrio estamos cansados de que nadie haga nada. No nos vamos porque no tenemos donde ir, y nuestras casas, en este estado, no las podemos vender”. A su vez, confesó que “ya no soportamos más vivir encerrados en cuatro paredes, estamos presos. Ni siquiera podemos festejar un cumpleaños”.

Una muestra ilustrativa de semejante padecimiento radica en que “no tenemos baños porque las napas están tapadas. Entonces hacemos nuestras necesidades en baldes que después arrojamos al agua de la inundación. No podemos vivir así”.