@Filighera
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La comedia, desde que el mundo es mundo, es, sin lugar a dudas, uno de los géneros más complejos de realizar. Desde la actuación y dirección hasta la lucha que se debe librar con el estado emocional de la platea. Los pasajes de la historia, la interrelación de personajes y el nudo del conflicto devienen en una serie de dificultades y en el que se debe generar atracción y dinamismo permanente.

En el Complejo La Plaza se presenta la obra “Dinner”, de la autora británica Moira Buffini. Con mucha alegría, esta comedia negra que tambien transita por momentos el absurdo y el grotesco, trata sobre un grupo de personas que van a entrar en pugna, mesa mediante, muy bien regada con snobismo, soberbia, encono y odio.

Los ejes están centrados en el matrimonio que componen Paige (Willy Lemos) y su esposo, el escritor, artista y ciéntifico (Nacho Gadano), quien acaba de dar a conocer su último libro. Por su parte, el mucamo va a pretender comandar, como un gran titiritero, la humanidad de todos los personajes.

Asistirán en calidad de invitados, la pareja compuesta por la periodista de chimentos (Leonora Balcarce) y su atormentado maníaco esposo (Joaquín Berthold). También se dará cita otro personaje con algún desarreglo emocional a cargo de Victoria Céspedes. Luego, ingresará a escena, un muchacho (Juan Manuel Guilera) que con la excusa de haberse accidentado pide ayuda en la casa, siendo aceptado luego como uno de los otros comensales de la particular fiesta. Como dato color un cuadro ubicado en el living se convierte en una pantalla donde se verán los rostros de cada uno de los intérpretes.

Camino sinuoso

El humor pretende convertirse en sátira social que no llega a cristalizarse por debilidades de un guión que quiere meterse con varios temas pero que resuelve poco o, lomás complejo, a veces confunde y dilata demasiado las situaciones. Las actuaciones son, sin lugar a dudas, el plato fuerte de la pieza. Willy Lemos como la señora Paige, nos brinda un retrato de impecable histrionismo cómico-dramático. No le va en zaga Nacho Gadano como el escritor frío, calculador, mentiroso y obsesivo . En tanto, Joaquín Berthold nos brinda también una composición de fuerte pulso dramático. Por su parte, Leonora Balcarce y Víctoria Céspedes generan criaturas disímiles y particularmente frágiles. Mientras que Alejandro Veroutis sin llegar a convertirse en el rígido mucamo (Erich Von Stroheim) de la diva de cine venida a menos (Gloria Swanson) en “El ocaso de una vida”, nos brinda una acertada composición y lo que es más importante: nos convence. En tanto, Juan Manuel Guilera, con su inquietante rol, es el disparador del conflicto, el que desata la tormenta, el corderito que puede convertirse, en cualquier momento, en “lobo estepario. Una muy buena incursión interpretativa.

En definitiva, un espectáculo dirigido por Valeria Ambrosio que aborda varios frentes argumentales pero habrá que reparar que, muchas veces, el mundo está poblado de buenas y nobles intenciones. Sin embargo, con esto solamente, no alcanza.