26 de mayo de 2025
El árbol de sangre de dragón: crece en una sola isla y está en peligro de extinción
En la isla yemení, la supervivencia de una especie única depende de viveros comunitarios y del esfuerzo local frente a ciclones, especies invasoras y la inestabilidad provocada por el conflicto armado
La importancia del árbol de sangre de dragón va mucho más allá de lo estético. Sus copas actúan como recolectores naturales de niebla y lluvia, canalizando el agua hacia el suelo y permitiendo que otras plantas sobrevivan en el árido clima de la isla. “Cuando se pierden los árboles, se pierde todo: el suelo, el agua, todo el ecosistemaâ€, advirtió Kay Van Damme, biólogo conservacionista belga que trabaja en Socotra desde 1999, en declaraciones recogidas por EuroNews.
El atractivo de estos bosques singulares convirtió al árbol de sangre de dragón en el principal motor del turismo en Socotra. Cada año, cerca de 5.000 visitantes llegan a la isla, muchos de ellos atraÃdos por la visión de estos ejemplares únicos. El turismo, gestionado por guÃas y familias locales, representa la base económica de la comunidad. “Con los ingresos que recibimos, vivimos mejor que los del continenteâ€, afirmó Mubarak Kopi, responsable de turismo de Socotra, según EuroNews.El árbol de sangre de dragón enfrenta una serie de amenazas que pusieron en jaque su supervivencia. Una de las más devastadoras es el aumento en la frecuencia e intensidad de los ciclones que azotan la isla, fenómeno vinculado al cambio climático. Un estudio publicado en 2017 en la revista Nature Climate Change, citado por EuroNews, documentó un incremento drástico de estos eventos en el mar Arábigo en las últimas décadas.La destrucción continuó en 2018 con otro ciclón severo. Por su parte, Hiroyuki Murakami, cientÃfico del clima de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y autor principal del estudio, explicó a EuroNews: “Los modelos climáticos de todo el mundo proyectan sólidamente unas condiciones más favorables para los ciclones tropicalesâ€.
A esta amenaza se suma el impacto de las cabras invasoras, introducidas en la isla y responsables de la desaparición de los árboles jóvenes. A diferencia de especies como los pinos o robles, que pueden crecer entre 60 y 90 centÃmetros al año, el árbol de sangre de dragón apenas avanza 2 o 3 centÃmetros anuales.En la misma lÃnea, Alan Forrest, cientÃfico especializado en biodiversidad del Centro de Plantas de Oriente Medio del Real JardÃn Botánico de Edimburgo, señaló a EuroNews: “La mayorÃa de los bosques estudiados están sobremaduros: no hay árboles jóvenes ni plántulas. Asà que los árboles viejos caen y mueren, y no hay mucha regeneraciónâ€.
Ante la falta de regeneración natural, la supervivencia del árbol de sangre de dragón depende en gran medida de los viveros gestionados por familias locales. Sena Keybani, cuya familia dirige uno de estos viveros, describió a EuroNews el vÃnculo emocional que une a los habitantes de Socotra con estos árboles: “Verlos morir es como perder a uno de tus bebésâ€.Estos viveros, protegidos por vallas improvisadas de madera y alambre, son espacios crÃticos donde los árboles jóvenes pueden crecer a salvo de las cabras. Forrest explicó que en estos recintos “la reproducción y la estructura de edad de la vegetación son mucho mejores, y por tanto, será más resistente al cambio climáticoâ€.Sami Mubarak, guÃa de ecoturismo en la isla, subrayó la urgencia de contar con infraestructuras más sólidas: “La financiación de viveros más sólidos con postes de cemento serÃa muy útilâ€, declaró al medio europeo.
La guerra civil en Yemen, en curso por una década, ha afectado significativamente la conservación y la economÃa de Socotra. El conflicto entre el gobierno yemenà y los rebeldes hutÃes ha desviado la atención estatal hacia la crisis humanitaria, relegando la protección del árbol de sangre de dragón a la comunidad local, que carece de recursos necesarios.Sami Mubarak ha lamentado la falta de apoyo institucional, afirmando que los pequeños proyectos medioambientales no son suficientes. La inestabilidad también ha reducido el turismo, fuente esencial de ingresos, aumentando la vulnerabilidad económica de los isleños.
